¿Cuál es tu trayectoria académica y profesional?

Variada, casi aparentemente absurda. Mi perfil no encajaría plenamente en ninguna entrevista de trabajo. Cursé la carrera de Psicología después de haber coqueteado con el periodismo en ocho años de colaboraciones con un diario bilingüe de la costa Oeste estadounidense. En realidad, tras el instituto me ilusionaba ser publicista e incluso realicé un máster sobre el tema, pero uno no llega a ser creativo publicitario solamente con una mochila de buenas ideas. Al menos, eso me contó el director de una de las agencias más importantes del país, después de que yo me hubiese colado en su despacho disfrazado de mensajero y lo sorprendiese en actitud tremendamente cariñosa con una mujer que sonreía de soslayo. Para ser copy hay que estar dispuesto a trabajar por apenas nada durante mucho tiempo y mi situación familiar era complicada, por lo que no pude permitirme esa carrera. De aquella época me queda el travieso recuerdo de haber colado mi mochila de buenas ideas en algunos de los edificios mejor vigilados de Madrid, incluyendo las torres KIO, torre Picasso y, por error, una delicada embajada del continente americano. Hasta que obtuve la metadona laboral de convertirme en vendedor de cine publicitario, di tumbos entre el crudo mundo de los recursos humanos, algún soporífero curso de creación y dirección de empresas y un breve pero inolvidable desvarío periodístico entre estrellas del rock, agotadores festivales y camerinos de los que es mejor no contar nada. Supe que era el momento de cambiar de aires tras diez años de vender producciones audiovisuales de poca monta y de colar guiones para clínicas dentales que incluían motosierras, paredes cubiertas de plástico y pacientes momificadas con film del Mercadona. Me resultaría fácil adoptar la postura derrotista de que he desperdiciado mi vida laboral antes de montar Despertalia, pero mi conclusión es bien distinta. Como si hubiese seguido los hilos invisibles de un ángel de la guarda, todo lo que aprendí en esos trabajos anteriores me ha formado en una profesión que en España no existía hasta que esta empresa la inventó.

¿Cuáles son tus hobbies?

Mis hobbies son mi único jefe y ellos se me reparten en cuanto les concedo la oportunidad. Aunque sea una respuesta cliché, debo decir que adoro el cine, especialmente el de terror y ciencia ficción, el independiente y también el más arcaico. Muchas veces prefiero ver una peli muda, deteriorada e incompleta que un blockbuster lleno de CGI y actores sin alma. Me apasiona aprender idiomas y las etimologías de las palabras de uso común. Me gusta el proceso de documentación de los juegos porque hallo un gran placer en absorber información inconexa como si fuera Cortocircuito. Si naciese hoy en día me destetarían con la Wikipedia. Aunque posea dos pies izquierdos, me gusta salir a caminar por la campiña y sus líricos parajes mientras escucho algún audiolibro. Tampoco pierdo la esperanza de convertirme en un secundario humorístico de película de artes marciales y practico tanto el ving tsun como la eskrima filipina. Y por supuesto, adoro todo lo que tenga que ver con los juegos y, especialmente, con los que te permiten sentirte en la piel de otra persona. Aunque me entretengo mucho con los juegos de mesa, mi gran afición son los juegos de rol: desde los clásicos publicados en España por Joc Internacional a las marcianadas indies, pasando por el poliédrico Nordic LARP. Hay gente que obtiene placer del trabajo y a mí también me pasa lo contrario. En conclusión: el rol me hizo una persona mucho más feliz. A veces sólo me siento realmente vivo cuando no estoy del todo en este mundo.

¿Cómo fue tu primera vez con los juegos de rol?

Espantosa. Comencé como invitado a una sesión de ‘Middle-Earth Role-Playing’, el juego de El Señor de los Anillos. Mi mago con cresta punk Nermal fue ridiculizado, cegado y ensordecido por pifiar la ejecución del irrisorio hechizo de Puente Sublime, luego cargado en una mula, acribillado por una flecha orca y, finalmente, utilizado como señuelo para activar una trampa de foso y pinchos flamígeros. Mis adolescentes compañeros de equipo fueron a buscarme… para saquear mi cadáver con diligencia. Ni siquiera sé por qué le di una segunda oportunidad al asunto. Afortunadamente, a mi animista beórnida le fue mucho mejor y me enganché irremediablemente al rol.

Mi primer papel de rol en vivo en serio fue con mi apreciado maestro Antonio Sanz del Grupo Telaraña. A decir verdad, ya había jugado una versión en vivo de ‘Hombre Lobo: El Apocalipsis’ en un sombrío parque a los pies de Torrespaña, pero nuestras fichas eran las mismas que las del juego de rol pen-and-paper y por eso no puedo considerarla una primera vez seria. Lo más divertido fue que un coche patrulla de la Policía Nacional apareció cuando unos cuarenta frikis en corro estábamos oficiándoles una ceremonia fúnebre a una mochila y dos sudaderas que representaban a un anciano muerto del clan lupino. Los policías quedaron tan desconcertados que se marcharon de allí sin atreverse siquiera a bajar del coche. En mi primera vez con Telaraña en aquellas Convivencias Lúdicas Nacionales de Ponferrada, mi personaje era un mero papel de relleno que ocupaba una extensión de tres líneas. Me hicieron el favor de apuntarme al sarao en el último momento y por eso yo no llevaba disfraz. Yo era uno de esos arquetípicos chavales con camiseta friki y pantalones cortos que creen que pueden fingirse alguien importante sólo por engolar la voz, llevar las manos a la espalda y perpetrar un registro léxico inadecuado. Los otros jugadores llevaban papeles de varias páginas y en el Lusitania cualquier mindundi parecía enterarse mejor que yo que lo que pasaba. El juego era muy bueno y todo quisque se divertía, así que pensé que yo estaba haciéndolo mal. Se me quedó tal cara de tonto que pensé que tendría que recurrir a la electroestimulación para quitármela. Ni siquiera sé por qué le di una segunda oportunidad al asunto, pero si no se la hubiese dado posiblemente esta bonita empresa no existiría. Os animo a que le deis segundas oportunidades al rol y a los asuntos fallidos, así en general.

Dime un superpoder que podría ayudarte en tu trabajo en Despertalia.

Uf, ¿sólo uno? Soy como un niño grande y mi mente suele solar con poseer TODOS los poderes de mi colección de manuales de rol. A los miembros de Despertalia nos ayudaría el teletransporte o duplicarnos como hacía Piccolo en Dragon Ball Z, pero lo que realmente me encantaría sería el poder diabólico de absorber las mentes de las personas con sus conocimientos, habilidades y recuerdos. Mi nombre de supervillano sería “Anexionista Cerebral”. En esa línea de deseos inconfesables, admito que me provoca taquicardias la idea de enchufarme un cable en el tronco encefálico y asimilar todo el conocimiento de internet, interrelacionado de manera coherente. Después de eso, me llevaría a mi maravilloso equipo y a nuestros clientes al interior de mi cabeza y allí vivirían en primera persona unas historias que ríete tú de la ayahuasca. Si me he pasado de ambicioso, debo decir que la capacidad de aguantar indefinidamente el pis tampoco estaría mal.

Tu experiencia más extraña con Despertalia fue…

He vivido experiencias realmente difíciles de creer. La primera vez que monté un rol en vivo de manera profesional tuve que fingirme stripper en una despedida de soltera. Sí, tal cual. Hay una foto de referencia que acompaña este artículo para que os hagáis a la idea de cuánto me parezco a uno de esos hombretones musculosos de piel tan bronceada como viscosa. Desde entonces, hemos pasado por experiencias rayanas en el surrealismo. Que conste que hablo deliberadamente de surrealismo-surrealismo, no como cuando uno dice que su nómina es surrealista y tal. Aquello que no nos mata, nos hace más extraños.

¿Cuál es tu juego favorito de nuestro catálogo?

Todos y ninguno. Soy muy perfeccionista y mi juego favorito está siempre por llegar.

¿Cuál es tu cometido específico dentro del equipo?

Hago lo mismo que aprendí en todos mis empleos anteriores. Soy escritor, creativo, empresario, comercial, publicista, psicólogo de recursos humanos y, admitámoslo, una miajita estrella del rock. Concibo los juegos de rol en vivo de Despertalia, los escribo, los vendo en persona, por teléfono o en Facebook y luego los dirijo. No soy el mejor en ninguna de las tareas que realizo, pero puedo cumplir con todas ellas y eso me hace relevante para esta casa. En los primigenios comienzos de Despertalia, los proyectos eran mucho más sencillos y, con más esfuerzo que beneficio o vistosidad, yo me hacía cargo de todo como el maníaco del control adicto a la cafeína que era. No me quedaba más remedio, ya que estaba solo en la batalla. Ahora sería imposible montar ningún juego sin este equipo humano. Despertalia es un monstruo de muchas cabezas y ahora la mía es sólo una de ellas. Hay personas muchísimo mejor formadas que yo para desempeñar cometidos que antes no me quedaba más remedio que hacer a mí. Desde que tengo la suerte de formar parte de este dream team, los juegos que hago han comenzado a lucir de verdad y por eso me esfuerzo en que nuestra organización sea horizontal, al estilo sueco. Me gusta sentir que soy uno más y que todo el equipo puede aportar y desarrollar sus propias ideas. De hecho, me resulta enormemente placentero que otros me digan a mí lo que debo hacer. Es muy bonito sentir a los otros ahí.

¿Cuáles fueron tus comienzos en Despertalia?

Ja, ja, ja. Me río sólo de recordarlos. El amigo de un amigo, un tal César que trabajaba en la tele, me convenció de que montásemos una empresa después de haber jugado un rol en vivo bastante fiestero en mi casa. Menudo liante. El tipo apenas ayudaba en la cocina, se bebió mi cerveza y para colmo me convenció para contar con una ex novia suya que tenía una vasta experiencia organizando gymkhanas. La chica era tan scout que se llamaba Lis. En el 2007 yo tenía un trabajo fijo y le decía que sí a todo, todo el rato. En la reunión inicial estuvo Jacobo Peña, que se nos unió bastante más tarde. Así que creamos Despertalia como un triunvirato: César, Lis y yo. El primero nos presentó a un tipo muy calladito llamado Rafa que se había traído un mezcal tremendo de México y que era increíblemente bueno con el arte, los dibujitos y esas cosas. Nos hizo una página web muy bonita y a cambio le regalamos un cactus. Aunque nos llevábamos bien, no teníamos muy claro qué queríamos hacer en Despertalia. Por mi parte, la idea misma de hacer gymkhanas hacía que me llevasen los demonios (¡socorro, soltadme, me hacéis cosquillas en las axilas!). César y Lis no querían hacer rol porque no veían claro su posible rendimiento económico. Aunque como equipo hicimos algunos eventos gymkhaneros y cenas temáticas realmente superproducidas, lo mejor de esa época fueron las sesiones de team drinki… building de Despertalia. Nuestras vidas cambiaron mucho en esos años y, aunque Lis y César siguen siendo una parte importante de la empresa, ya no trabajan en ella. En Despertalia me quedé solo con mi querida Laura, que terminó ayudándome a montar los eventos, y con Rafa, que ahora no se calla ni debajo del agua y hace de mi teléfono un party line diario. Mi madre se pondría celosa si supiese todo lo que hablo con él y los motes tan cucos que nos ponemos. Ya que Rafa y yo sólo queríamos crear y crear y yo había recibido el cariñoso acicate de Isra y Mariam, dos buenos amigos que terminaron apoyando el proyecto, decidí que había llegado el momento de venderle el rol en vivo al gran público. Reuní un equipo humano portentoso y el resto es tan legendario como los propios integrantes de Despertalia. Y aunque también sea cierto que ganaríamos más dinero haciendo gymkhanas, cada día en este equipo es como un día en el campo, cada comida un banquete y cada paga una fortuna. ¡Nos encanta lo que hacemos, maldita sea!

¿Qué es lo que más te gusta de Despertalia?

Sin duda alguna, me gusta que hagamos felices con nuestras ensoñaciones a quienes nos prueban. Antes o después, todos nos hartamos de este mundo en el que vivimos y necesitamos escaparnos de él. Aunque a Despertalia no le gusta apartar la vista de los aspectos sociales y algunos de nuestros juegos son muy críticos con la sociedad actual, a veces sólo queremos practicar el escapismo con tu despedida de soltera, tu empresa o con el octogésimo cumpleaños de tu abuela. Lo más hermoso de mi profesión es despertar a la gente a una realidad más apasionante y comprender que, pese a las preocupaciones y lo cruda que es la vida, nadie ha perdido la capacidad de soñarse otro. Cuando despertó, el hobbit todavía estaba allí.

¿Qué crees que diferencia a nuestra empresa del resto?

Las empresas normales te venden sus productos normales como si fueran sueños. Nosotros hemos convertido en arte justo lo contrario.

Tu mejor momento en Despertalia fue…

¿Aquel evento medieval para doscientas y pico personas con aves rapaces en el salón, bailarinas con sables y malabares de fuego? ¿Alguna noche loca en la Movida? ¿Las fiestas desenfrenadas con charlestón y jazz en directo de la viuda Gifford? Quizá. Sin embargo, el gran momento que me viene a la mente fue conseguir que un adolescente con anorexia le pidiera a su padre pizza para cenar después de haber jugado conmigo una modesta partida de rol. Mi descripción de una trattoria veneciana le hizo recuperar el apetito. Cuando me lo contaron, la sonrisa se me quedó grabada al aguafuerte.

¿Con qué personaje de película compararías a nuestra empresa?

Tyler Durden, sin duda. Quizá no seamos individuos demasiado aferrados a la realidad, pero somos expertos en revolucionar tu existencia.

¿Qué proyectos te gustaría desarrollar para Despertalia en el futuro?

Al principio, ofrecíamos juegos muy complejos para el cliente con una producción inexistente o muy sencilla. Ahora me interesa producir juegos sencillos pero emocionalmente intensos, apoyados por una producción sofisticada y rica en sorpresas. Si tengo que escoger un camino conceptual, me veo obligado a buscar una conciliación entre los aspectos más risibles del rol en vivo de salón clásico y esa exagerada afectación nórdica. No hay que olvidarse de que el sintagma nominal ‘juego de rol’ nos recuerda que no deberíamos alejarse demasiado de ninguno de esos dos polos: la implicación con un papel o, de manera igual de relevante, de la diversión sin pretensiones. Si sólo estás buscando “ganar” el juego, lo estás haciendo tan mal como si tu interés primordial es producir una exquisita obra de arte. Despertalia tiene que encontrar su propio camino y, en general, creo que estamos cerca de hallar esa fórmula filosofal capaz de enamorar a públicos muy distintos. Nuestro equipo multidisciplinar le presta mucha atención a que el juego sea rabiosamente divertido, pero también a su calidad literaria o la de la música, el teatro y las artes visuales con las que nos gusta maridarlo. En definitiva, estaré dispuesto a escribir juegos para Despertalia siempre que el nivel de la puesta en escena sea cada vez más elevado.

Variada, casi aparentemente absurda. Mi perfil no encajaría plenamente en ninguna entrevista de trabajo. Cursé la carrera de Psicología después de haber coqueteado con el periodismo en ocho años de colaboraciones con un diario bilingüe de la costa Oeste estadounidense.

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